CONFESIONES DE SUPERWOMAN
He amanecido un tanto pesimista sobre las relaciones sentimentales. ¿El motivo? Una discusión acalorada con el “hombre X”, ese ente masculino reciclado de mi pasado que insiste en aferrarse a mí como una garrapata emocional con síndrome de abstinencia. No sé qué le resulta más atractivo: mis desplantes pasivo-agresivos, mi desprecio educado o el hecho de que le he dicho mil veces que soy una mala persona. Porque sí, lo soy. Pero no la clase de mala sexy y peligrosa que te arrastra al deseo. No. Mala de verdad, de las que no te devuelven ni el saco con capucha después de la ruptura. Y sin embargo, él sigue ahí, nunca desaparece. Firme, convencido de que “con el tiempo, volveremos”. ¿Volver a qué? ¿A tiro limpio emocional? ¿A ver quién destruye más al otro con una sonrisa falsa? No, gracias. Ya me leí ese capítulo, lo subrayé, lo escupí, lo quemé y le hice origami. Este fenómeno de atracción suicida no es exclusivo de él. Hay toda una procesión de sujetos que, por alguna ra...