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Mostrando entradas de 2013

TRAS LAS HUELLAS DE JUAN

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Ando de detective. Y no es porque me sobre el tiempo, sino porque tengo alma de chismosa con causa. Me he embarcado en la búsqueda más absurda y fascinante de mi existencia: estoy rastreando a un exnovio de mi madre. Sí, leíste bien. Un ex. De mi mamá. Un amor revolucionario, literal. Comunista. Poeta. Hombre de ideales y probablemente olor a cigarro mojado. Un tipo que militaba entre corazones y panfletos, y que todavía habita la memoria de mi madre como si fuera una suscripción activa a Netflix Nostalgia . Ella lo recuerda con una pasión que da miedo. – De milagro no me volví de izquierda –me dice, mientras me muestra con ternura estampitas marxistas y fotos de fiestas revolucionarias en embajadas de países que, para mi sorpresa, no eran comunistas pero sí sabían montar tremendas pachangas. Yo la observo. Ella lo evoca. Y yo solo puedo pensar: ¿Qué clase de poder uterino tuvo Juan para quedar tan tatuado en su memoria por más de 50 años? Siempre supe de su existencia. No p...

CONFIRMADO: NO ME INTERESAN LOS HOMBRES

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Confirmado: no me interesan los hombres. No desde lo romántico, lo sexual, ni siquiera desde el antojo de una conversación profunda. Si acaso, desde la fascinación antropológica que uno tiene cuando ve un documental sobre criaturas en vías de extinción que aún creen que enviar un “¿Qué haces?” a las 11:47 p.m. es seducción. Todo empezó con esa agencia matrimonial. Decidí reactivar mi “vida social”. Spoiler: error. Como querer revivir un tamal de Navidad en julio. Citas con sujetos de todo tipo: empresarios, poetas frustrados, fitness, filósofos de gimnasio, ingenieros emocionales (aka gente rota con léxico)... Una procesión de aburridos con complejo de redentor. Y yo ahí, jugando a las entrevistas de empleo en donde ninguno calificó para el puesto de “compañero mínimo funcional”. La verdad, me aburren.  Entre más me expongo a la experiencia masculina, más me convenzo de que soy como una monja budista con internet de olx: conectada con el mundo, pero sin ninguna necesidad d...

CONFESIONES DE SUPERWOMAN

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He amanecido un tanto pesimista sobre las relaciones sentimentales. ¿El motivo? Una discusión acalorada con el “hombre X”, ese ente masculino reciclado de mi pasado que insiste en aferrarse a mí como una garrapata emocional con síndrome de abstinencia.  No sé qué le resulta más atractivo: mis desplantes pasivo-agresivos, mi desprecio educado o el hecho de que le he dicho mil veces que soy una mala persona. Porque sí, lo soy. Pero no la clase de mala sexy y peligrosa que te arrastra al deseo. No. Mala de verdad, de las que no te devuelven ni el saco con capucha después de la ruptura. Y sin embargo, él sigue ahí, nunca desaparece. Firme, convencido de que “con el tiempo, volveremos”. ¿Volver a qué? ¿A tiro limpio emocional? ¿A ver quién destruye más al otro con una sonrisa falsa? No, gracias. Ya me leí ese capítulo, lo subrayé, lo escupí, lo quemé y le hice origami. Este fenómeno de atracción suicida no es exclusivo de él. Hay toda una procesión de sujetos que, por alguna ra...