¿Heterosexual? Sí, pero sin convicción.
SI ERES MOJIGATO, MEJOR NO LEAS, TE VAS A TRAUMAR
De noviembre a hoy estoy rompiendo cadenas mentales. Soy libre de estrellarme contra el mundo y no culpar a nadie más que a este cuerpecito misterioso.
¿El milagro? La libertad.
El yugo que me cuestionaba saltó directo al infierno en noviembre de 2024. Allí se encuentra brincando en una pata (aunque sus cenizas aún reposan en mi cocina sobre el concentrado de perros, esperando un destino final).
¿Por qué salta esa ánima en pena? Fácil: tras mi última relación fallida hace cuatro años con un libra, nadie más me había interesado… hasta que un cupido borracho decidió jugar con mi destino en una veterinaria “X”. Resultado: flechazo instantáneo por un veterinario con más patas que una mesa de billar y un aroma brutal a macho alfa que me desarma.
Mi tara se calmó cuando trajo a su noviecita a casa en una de sus visitas, considerando que tengo 11 perros de todos los colores, razas y sabores. Pero como dice el dicho: año nuevo, vida nueva… y quien es pendejo repite. Aquí estoy, casi en las mismas. No es preocupante: si no me gustara ningún caballero y recayera en el mismo, solo hablaría de apegos, estructuras mentales y pendejadas sentimentales varias.
Lo importante no es la atracción por el sujeto —correspondida o no—, sino cómo su mera presencia alegra mi día. Él, un “Ente cáncer”, es más impredecible que la fecundidad de mi vecina tras una ligadura de trompas; difícil descifrar qué pasa por su cerebro, corazón y pantalones.
A causa de este sujeto, mi tía y mi mamá estarán felices. No porque pase algo real, sino porque es hombre y políticamente correcto para la sociedad. Lo estándar: hombre y yo mujer, deberían gustarme los hombres… y ahí está la trampa.
Oculto tres relaciones lésbicas pasadas:
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2010: MANUELA, hetero-flexible
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2016: LINA, mi tomboy narcisista
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2019: SANDRA, desesperada por casarse
No siempre fue así. Hubo un lapso donde me identificaba como bisexual de dientes para afuera, en un círculo artístico y marihuanero, donde “lo normal” era ser marica, artista y engaña-bobos. Pero los límites de la realidad y la marginación de los más allegados me enseñaron a ser políticamente correcta, a sobrevivir y cumplir con lo que sociedad, familia y amigos esperaban. Ese mundo murió el 14 de noviembre de 2024. Ahora soy libre de decir lo que soy y sentirlo sin filtros.
¿Qué soy ahora? Un ser humano capaz de interesarse románticamente por hombres o mujeres, buscando alguien responsable, inteligente emocionalmente, maduro, leal, detallista y apasionado… en resumen, alguien raro de encontrar hoy en día. La realidad: el mercado sexual está saturado, hay demasiada oferta y poca demanda, y mientras la humanidad se distrae, es más práctico un buen juguete sexual que una revolcada romántica a la antigua.
¿Y la bisexualidad, la hetero-flexibilidad y el veterinario? Simple: mis gustos existen y son válidos. Que me interese un hombre ahora no significa que “curé” nada, solo es otra faceta de mi vida. Él magnifica mi día y mis noches privadas; nada promete, nada exige. Ni se entera de mi interés por él y aun menos que existo más allá de los perros y está bien.
Lo que queda es esto: ratificar que mi gusto por las mujeres sigue ahí, que mis elecciones son libres y que, pese a lo raro que pueda parecer, soy feliz siendo quien soy. Y eso, mis queridos mojigatos, no tiene precio
AMAKARIM MUSSET

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