¡¡ REFLEXIÓN ONTOLÓGICA SOBRE LA MEJOR MANERA DE CAZAR MARIDO!! PARTE 2
Segunda Parte (porque la primera fue demasiado digna para quedarse sola)
¡¡Odio las segundas partes!! Las películas, los libros, las relaciones… y ni hablar de las reconciliaciones. Pero en este caso, la dignidad me exige cerrar el capítulo que inicié: el bendito formulario de la agencia matrimonial. Ese hermoso pedazo de papel que, cuando lo devuelva, convertirá oficialmente mi existencia en un catálogo viviente para que me elija el mejor postor, cual durazno maduro en oferta de fin de temporada.
Sí, básicamente me estoy convirtiendo en carne de vitrina. Y no de la premium, sino de esa que viene con la etiqueta roja de “¡Últimos días!”
La última escena de este melodrama ocurrió antier en la noche, cuando, después de arrancarme más pelos que ideas, decidí que lo mejor era no pensar. Una técnica milenaria que consiste en rendirse con elegancia. Total, para ser exitosa en el amor, el IQ parece ser más estorbo que ventaja.
En un acto de desesperación disfrazado de búsqueda filosófica, llamé a uno de mis mejores amigos: el filósofo. Nada como alguien que ha leído a Heidegger para ayudarme a definirme en cinco líneas y sin sonar como lunática.
Claro que olvidé un pequeño detalle: el hombre es alérgico al amor. Según él, “las relaciones sentimentales son abstracciones nocivas que causan urticaria existencial”. Traducción: prefiero mi balsa a lidiar con humanos defectuosos.
Y aunque su estilo de vida monacal y sin contacto emocional me resulta cada vez más atractivo, el peso social de tener útero y apellido todavía me presiona como un brasier dos tallas abajo.
En fin, tras veinte minutos de disertaciones sobre la nada, el ser, Husserl y otros apellidos impronunciables, rescaté algo como: “El ser está compuesto por el todo”. Lo cual traduje así: “No escondas tus taras, dales una manito de maquillaje y hazlas pasar por cualidades”. Gracias, filosofía. Cero soluciones, pero harto adorno.
Y entonces, lo escribí. O más bien, lo vomité con pretensiones poéticas
Me gusta el ajo, la pimienta y el curry. Sí, lo sé: el amor empieza por el estómago, pero el mío exige sazón. Me enloquece el vino tinto que embriaga hasta las decisiones, la canela debajo de tres almohadas porque me hace sentir bruja sin el aquelarre, y el cilantro que hierve en agua salada, porque olerlo me recuerda que aún no me he rendido.
Escucho de todo, desde K-pop hasta salsa, porque la contradicción es parte del encanto. Me obsesionan los libros, sobre todo los que me deprimen y me hacen sentir superior al mismo tiempo: Nietzsche, Freud, Maupassant, Poe... mis amigos imaginarios desde 1998. Y sí, también leo a Eco porque me gusta fingir que entiendo.
Me abruman los colores, los cuadros deformes, las ideas raras. No me interesa encajar. Me interesa vivir, joder, reír y que no me jodan.
Luego vino la siguiente pregunta del infierno:
¿Cómo esperas que sea tu pareja ideal?
Sí, lo sé: parece un poco superficial. Pero en mi defensa, prefiero un tipo con neuronas funcionales y dedos bonitos que un poeta cursi con deudas emocionales y uñas negras. He conocido suficientes “románticos” como para saber que uno termina compartiendo delineador con ellos o llorando sola mientras ellos “procesan su herida ancestral con otra”. No, gracias.
Dame uno creativo. De esos que se reinventan, que no te llaman “princesa” y que, si te invitan a cenar, no se asustan si eliges un vino con más de una sílaba. No necesito que me suban estrellas. Prefiero que me bajen impuestos.
Para rematar, como mi membresía es internacional (porque mi gusto por los asiáticos no es una fase, es un estilo de vida), tuve que entregar dos versiones: español e inglés. Y ahí empezó el show bilingüe.
Llamé a mi amiga la traductora. Le ofrecí pago en especie: una entrada al cine y un poema para su novio (al que, francamente, considero un adorno innecesario, pero bueno…).
La traducción fue barata, pero no libre de comentarios venenosos. Según ella, sueno pedante, egocéntrica y “ligeramente intimidante”. Lo dice con amor, claro. Cree que los únicos hombres que podrían interesarse por mí son masoquistas emocionales, pusilánimes profesionales o entusiastas del látigo emocional.
—“Muéstrate más dócil”, me dijo. “Los hombres son simples: dales escote y cara bonita, y caerán rendidos. Ya luego, cuando esté atrapado… ¡zas! Le sueltas tu yo interior.”
Sonreí, asentí... y en mi cabeza le metí el poema donde no da el sol.
¿Saben qué? Tal vez tenga razón. Tal vez soy demasiado para este mundo. Pero también soy todo lo que tengo. No me pienso recortar, suavizar, maquillar ni plastificar para caber en un molde diseñado por idiotas.
Si les gusta: bien. Si no, ¡que se coman su pan con mantequilla y me dejen el vino!
Amakarin Musset
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Hola Adry, me divertí mucho leyendo tus artículos, no porque sean divertidos en sí mismos, sino porque me vi identificada con tus escritos, definitivamente me falta tu manantial lingüístico para poder expresar lo que tengo atrapado entre las paredes de mi cabeza. Abrazos y fue un placer leerte, te animo para que lo sigas haciendo. Adeeni
ResponderEliminarGracias ¡¡ mujer!! por tu motivación... continuaré.. un abrazo.
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